La Puerta Oscura 1: El viajero by David Lozano

La Puerta Oscura 1: El viajero by David Lozano

Author:David Lozano
Language: es
Format: mobi
Published: 2009-09-22T22:00:00+00:00


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EN el momento en que los primeros rayos de sol se filtraron a través de la claraboya del desván, delatando diminutas motas de polvo suspendidas en el aire, la Vieja Daphne abrió los ojos. Entumecida todavía, suspiró. La larga noche había terminado, llegaba la luz del nuevo día y, con ella, la seguridad, la paz. El vampiro habría regresado a su cubil, interrumpiendo su búsqueda hasta el siguiente retorno de la oscuridad.

Era hora, entonces, de abandonar la custodia de la Puerta Oscura para acometer una nueva misión que solo podía llevarse a cabo bajo el cálido resguardo del sol: localizar el refugio del vampiro.

La vidente no pudo evitar sonreír ante la peculiar situación: por la noche, ellos se escondían y Varney los buscaba; por el día, los papeles se invertían y eran ellos los que debían salir a cazar al monstruo antes de que despertara con el atardecer. ¿Quién ganaría aquel juego mortal?

La bruja se removió en el colchón que Jules había subido a la buhardilla para ella, en atención a su edad.

¿Volvería Pascal de su inconcebible viaje antes de que terminara aquel pulso en el mundo de los vivos?

Jules y Dominique seguían durmiendo en sus sacos de dormir, agotados por la intensidad de los últimos acontecimientos.

No habían descansado bien, aquejados de recurrentes pesadillas. Era comprensible. ¿Quién era ya capaz de distinguir los sueños de la realidad? Cómo hacerlo, se planteó la bruja, si incluso la propia vida se confundía con la muerte en el turbulento Mundo de la Espera.

A Daphne le dio pena tener que despertar a los muchachos, pero no había más remedio. Cada minuto contaba.

—¡Arriba, chicos! —les gritó con su voz desvencijada—. ¡Hay que levantarse!

Ellos refunfuñaron, estirándose mientras iban abriendo los ojos. En cuanto sus mentes resucitaron todo lo que había ocurrido, el sueño se desvaneció de forma brusca.

—¿Qué hora es? —preguntó Jules con voz ronca.

—Las siete y media —respondió Dominique buscando con la mirada su silla de ruedas—. Bueno, el vampiro sigue sin encontrar la Puerta, ¿verdad? Esta noche no hemos recibido visita...

Daphne, muy seria, los hizo partícipes de una de sus últimas intuiciones:

—Me temo que debe de faltar muy poco para que nos topemos con él. Quizá esta noche...

—Vaya —Jules decidió que era demasiado pronto para asustarse, ni siquiera encontró en su fuero interno el impulso que una reacción así requería. Necesitaba un café para activarse.

—¿Qué estará haciendo Pascal ahora? —Dominique, con voz somnolienta, expresó una curiosidad que todos compartían—. ¿Habrá descubierto ya algún rastro de Michelle?

—Ojalá —deseó Daphne—. Por ella y por su propia seguridad, tiene que volver lo antes posible.

—¿Cuánto tiempo lleva allí? —Jules matizó—. Me refiero a tiempo de los muertos.

Dominique calculó las horas que habían transcurrido desde que se introdujera en el baúl, para multiplicar el resultado por siete. De todos modos, aquella operación tampoco servía de mucho; si Pascal ya no se encontraba en la Tierra de la Espera, si se movía a mayores profundidades en el Mundo de los Muertos, la conocida proporción en el transcurso del tiempo dejaba de ser fiable.



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